Solo aquí
matando el tiempo
matando la vida.
Aquí sin respirar del todo
sin sentir una piel
sin escuchar.
Aquí perdiendo recuerdos
como autos que corren más rápido que yo.
No estoy esperando algo
ni rebusco, ni me asomo
No necesito esperar
no necesito buscar.
Hoy es un día de esos transparentes
en los que hay un balance perfecto de los extremos
donde se siente nada
ni un poco de esto ni de aquello.
Solo aquí
terminando con el día
terminando con mi vida.
Enamorarse debilita. Ser debil es estar desnudo. Estar desnudos nos expone al amor…
Cuando un amor termina,
terminan los amantes.
Se desconocen y dejan
de mirarse como antes.
La flor que crecía por dentro,
con el tallo bien alto
se marchita suave y lento
quedando, sin más, en el asfalto.
Hay un miedo que nos detiene,
no nos deja entregarnos al amor.
Es por todo lo que al final viene
La calma, la ausencia, el dolor.
Tu ya no me dueles
Me doliste, pero ya no.
El tiempo cosió la herida
La sanó poco a poco
y cicatrizó.
Pero no borró las huellas
de tus manos, de tus labios
tocando este cuerpo
ausente y dañado.
Como la sombra de un pensamiento
me escondo detrás del silencio
abstemia de tí.
Me disuelvo en la última palabra pronunciada
que flota en el viento como diente de león,
con sabor a todo menos a tí.
Mi mente se va de viaje hasta los rincones más sucios de mi memoria,
vuela lejos y se dispersa cual polvo
trayéndome a las manos tu recuerdo maldito.
Cuando mis ojos y tus ojos coqueteaban, cuando mis manos resbalaban por tu piel, cuando mis labios, ahora secos, podrían besar cualquier escondite de tu cuerpo.
Hoy no soy más que la sangre de la herida que abriste al alejarte.
Hoy soy solo la inocencia de la espera de algo que nunca vuelve.
Hoy me convierto en charco estancado en las huellas de tu partida,
con ganas de nada excepto de tí.
Con palabras simples te explico y te digo que te quiero
sin conocerte aun, sin saberte del todo.
Sin haberte besado si quiera, sin pasar una vida contigo.
No necesito usar palabras enormes y complicadas.
No es necesario hacerlo más largo.
Solo te quiero porque eres tú.
- A veces pareciera como si se fuera a romper en cachitos, por alguna extraña razón, en el suelo.-
Las cosas siempre cambian en medio de ningún lugar, como granos de sal en el mar y uno termina sabiendo nada, escondido de trás de un espejo curvilíneo.
- Voy viendo que el viento pasa por tus ojos a mis espaldas. En cada mariposa que vuela por dentro como el dulce azul del cielo que cae en forma de gotas llenas de orgasmos de luz, de abismo que encarcelan la felicidad en el cuarto más obscuro.-
Si el viento fuera a ninguna parte, había nunguna parte para que el viento fuera. Todo mundo siempre tiene un destino, siempre sigue una dirección específica, como el viento, como el color de los labios del mundo, como el sonido del mar cayendo al infinito en una hoja de papel.
Es correr desnudo por la mirada tenebrosa que oculta sus intenciones en un pedazo de sombra amorfa y vacía.
-Si el tiempo devorara lo que no existe, las horas serían más largas cuando uno lo deseara.-
It happens when you are blind
El amor siempre, como empieza, termina.
Eso que inspira nuestras más altas sensaciones cuando un lo posee e incluso cuando lo pierde.
Se pierde en algún beso o en alguna caricia.
Se desvanece en el infinito volviendo a ser solamente una palabra al viento.
Los amantes dejan de mirarse como antes. Todo el atrevimiento y la confianza se reduce a un nada. Se convierten en unos completos desconocidos mientras el pasado se va olvidando poco a poco hasta llegar a ser recuerdo, tanto agradable como doloroso. Depende de cómo termine.
Al principio lo inexplicablemente placentero se apodera de nuestros cuerpos, llegamos tan alto como podemos y nos aferramos a quedarnos ahí. De repente nos cansamos de sostenernos y caemos. Entonces cada quien camina hacia otro lado.
A veces nos destruimos y nos hacemos daño por habernos soltado en la punta de la montaña «¡¿Por qué me abandonas así?! ¡No me lastimes!» Y los besos se vuelven puñaladas.
Creí que serías pasajero, como todo, pero te quedaste.
Tus maneras de permanecer en mí se fueron moldeando, con mis sentimientos, hasta llegar al límite donde el tiempo las envolvió, las congeló y ya no pudieron cambiar más. Pero aún así aquí sigues.
El miedo que nos causa entregarnos al amor es el dolor que viene al final. La perfecta dualidad que destruye al ser humano de una manera más despiadada que una bomba. Porque es una explosión interna que desgarra hasta acabar con el aliento. Tortura, pero no mata.
Y sucede todo el tiempo. Uno siempre está expuesto pero nunca preparado para el amor y sus consecuencias. Uno siempre está desnudo y débil arriesgándose, en cada segundo, a caer en él sin importar el golpe de la caída.
Amar no es una decisión. No tiene que ver con la voluntad o el libre albedrío.
Amar es ser atrapado y dejarse llevar.
Guardaba la semilla. La quería como si fuera mía.
La cuidaba, la abrazaba mientras esperaba.
Te vi y te la regalé. La sembramos. Juntos.
Creció una flor, después. Nos enorgullecimos de nuestros logros y la regábamos todos los días. Le dábamos sol. Se lo dimos todo.
Un día le dimos demasiado y murió.
Esa flor que nació de la semilla que te di se marchitó. Se le fueron cayendo los pétalos y solo quedó el tallo que, a pesar de que lo cortábamos, se aferraba a seguir clavado en el suelo.
No sabíamos si cuidarlo o arrancarlo de una vez. La indecisión duró hasta que nos hartamos y el tallo murió solo. No quedaron ni las raíces ni nada.
El lugar donde estaba la flor quedó vacío. Ya no llegaba el sol ni caía la lluvia.
Decidí enterrarte entonces debajo de la tierra. En ese lugar.
Cada día que pasaba le echaba más tierra porque no quería que aparecieras de repente en la superficie.
Un día de estos, caminaba por ahí y me encontré un pétalo. Un pétalo de nuestra flor que murió tiempo atrás.
Guardaba el pétalo. Lo quería como si fuera mío.
Lo cuidaba, lo abrazaba mientras olvidaba.
…Y tu última palabra: contigo. La palabra que le abre la puerta al silencio eterno que nos envuelve en una conversación de sólo miradas.
Y nos entendemos a la perfección, sin despegar los labios, utilizándolos sólo para sonreír.
Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Donde hubiste tu, quedo yo.
Mis ojos dejan de mirarte para mirar el mundo. Mis labios dejan de besarte porque ya no quedan besos para dar.
Marcaste un momento indispensable en mi vida, en mi mundo, en mí.
Me enseñaste sentimientos perdidos, pasiones ocultas, sueños y locuras que creí que no existían.
Me enseñaste a mirarte sin verte, me enseñaste que después del cielo, está el paraíso.
Pero hoy, volveremos a ser unos desconocidos, como antes de mirarnos. Nos perdemos en el mar donde las olas nos llevan a vientos distintos.
No creas que te he olvidado, solamente me alejo. Huyo para no involucrar todo el amor que almaceno para ti dentro de mi alma.
Me siento en una esquina de la habitación. Me siento a pensar en ti.
A pensar en eso que me haces sentir, que aún no sé explicar, ni nombrar. Sólo sentir.
Eso que revuelve mi estómago y hace brillar mis pupilas. Eso que me da valor para tenerte miedo. Eso que me hace quererte cada vez más.
Te miro, me miras, nos miramos. Te beso, me besas, nos besamos.
Cierro los ojos, descanso mis labios sobre los tuyos mientras mis manos juegan a enredarse con tu cabello y luego se deslizan por tu espalda. Vuelven a subir por tu cuello. Lentamente.
A veces, cuando la pasión estalla, abrimos la boca y dejamos fluir el sentimiento, como río, de boca en boca. Nuestras lenguas bailan perdidas esperando encontrarse una con la otra.
Delicadamente y despacio, muerdo tu labio inferior y tú sonríes, como si lo único que existiera en el mundo fuese sonreír. Y besarnos.
Pienso en ti. En lo confuso que es quererte de la manera en que lo hago.
Me da miedo que crezcas más dentro de mí y me rompas. Me da miedo que te vayas de mí y me dejes vacía. Entonces cierro los ojos y estás tú. Los abro y estás tú.
Me siento en una esquina de la habitación. Me siento a pensar en ti.
A pensar en el tiempo a tu lado. En que cada día que pasa, encuentro más maneras de amarte. Cada día que pasa, encuentro más razones para quererte.

